A LA PATA DE PALO

FLORILEGIO DE CARPETOVETONISMOS Y OTRAS LINDEZAS
DE C. J. C. Y SU AMIGO LORENZO GOÑI, EL SORDICO.

Copenhague, 29.- N. N., de setenta y cuatro años de edad, ha sido trasladado al hospital por sufrir un extraño envenenamiento por humo. N. N. se durmió cuando se hallaba sentado frente a una estufa, que fue quemando su pata de palo. - EFE
"ABC", 30 de diciembre de 1964.

 

 

Camilo José Cela

EL CIUDADANO ISCARIOTE RECLÚS

Ilustraciones de Lorenzo Goñi
1965

 

 

 

Dedicatoria

    A mi cuñada la Excma. Sra. Doña Máscula Grañena de las Garrigas y Escatrón de Calanda, Torremontalbo de Subijana y Zuazo de Cuartango-Cuzcurrita, alias Tole-Tole de la Pajarera, que dio mucho que hablar, en tiempos, y que hoy, vuelta ya al sendero del que jamás debiera haberse desviado, acaricia desvalidos, náufragos y huerfanitos con verdadera fruición.
    Doña Máscula, de joven, tuvo amores con Licinio el Grajo, alnado de don Dadas Papafigo, tío segundo del ciudadano Iscariote Reclús.
    En la actualidad, doña Máscula vive de recuerdos y se ayuda con el ablandador fecal Cacalax, saludable producto que proporciona evacuaciones normales al humedecer y homogeneizar la masa fecal, suavizándola y ablandándola (según se indica en las carteritas de fósforos con que los laboratorios que lo preparan obsequian a los estreñidos y clase médica en general).

 

 

 

... los historiadores que de mentiras
se valen habían de ser quemados,
como los que hacen moneda falsa.
    --Miguel de Cervantes



Introito
(Nómina de sus conductas y primer síntoma)

 
    El ciudadano Iscariote Reclús, nacido Saturnino Cabezón y López-Monachil, gastaba barba apostólica, comía yerbas, estudiaba geografía y también historia de los credos libertadores de la humanidad, conocía muy curiosos experimentos de física recreativa, practicaba la poligamia, el desnudismo, la gimnasia (sueca y natural) y la helioterapia, creía en la transmigración de las almas y en los mensajes de los espíritus, proyectaba falansterios, reformas agrarias y normas para una más equitativa distribución de la renta, coleccionaba sellos, hablaba el esperanto, no se cortaba el pelo, usaba sandalias sin calcetines, era abstemio, vestía siempre de luto (por los crímenes de los poderosos), se lavaba los pies un par de veces al día, se purgaba en los solsticios y los equinoccios, repartía migas de pan a los gorriones, dormía sobre unas tablas y se daba largos paseos en bicicleta de piñón fijo (al objeto de robustecer los músculos de la pantorrilla: peroneos, tibiales, extensores, gemelos y flexores).


Reducir dibujo

 
    El ciudadano Iscariote Reclús, de joven y cuando todavía procuraba cumplir con los mandamientos de la santa madre iglesia, ensayó a estudiar para cura, pero tuvo que abandonar las ilusiones porque según sus maestros no daba el mínimo común denominador indispensable: ni en resignación, ni en modestia ni en obediencia. Después pasó el paludismo y, se conoce que de la fiebre, se volvió huraño y descreído y empezó a criar semejantes ideas en la cabeza, que la guardia civil de su pueblo hasta lo tuvo que someter a estrecha vigilancia.
    El primer síntoma de sus desvíos lo dio cuando quiso cambiarle el nombre, así sin más ni más, a una novia murciana que se había echado. La criatura, que era una moza tetiveleta y muy aparente, se llamaba Consuelito, como otras muchas en su pueblo y fuera de él, Consuelito Tronchón Cerollera, pero el Iscariote (que aún no atendía por Iscariote porque esto del reajuste del propio nombre llegó más tarde, cuando le dieron el canuto después de servir al rey) pensó que había que modernizarse y que correr al ritmo de los tiempos y, más o menos, le dijo a la chica que: o ella abandonaba su nombre o él la abandonaba a ella sin miramiento alguno, a elegir.
    - Pero hombre, Satur, ¿así, de repente?
    - Sí, pichón, así, ya lo sabes: de repente y sin miramiento alguno. Yo te quiero perfecta como una diosa. ¡Haz de tu vida una aventura en pos de un ideal!
    - ¿Eh?
    - ¡Que hagas de tu vida, ¿me entiendes?, una aventura en pos de un ideal!
    - ¡Ah, ya!
    La Consuelito, con el alma en un hilo, tomó aliento; antes se santiguó (con disimulo, para no herir susceptibilidades).
    - ¿Y cómo quieres ponerme, amor?
    Y el Iscariote, vamos, el Saturnino, sonrió invadido por la sal de la beatitud.
    - Un nombre muy bello y simbólico, adorada dueña de mis honestos pensamientos...
    - ¿No queda un poco largo?
    - ¡No, mujer! ¡Esto te lo digo ahora, en la dialéctica! Déjame seguir... Un nombre muy bello y simbólico, adorada dueña de mis más honestos pensamientos, un nombre que establezca en ti la unidad vital y que dirija, oriente y coordine todos los recursos de tu ser hacia un fin noble y grandioso.
    La Consuelito, aunque era bien hablada de natural, exclamó:
    - ¡Carajo!
    (Se conoce que la Consuelito no pudo evitar el desahogo.) Después, ya más sosegada, esperó la decisión de su novio.
    - Espero tu decisión, Satur. Acepto mi destino y procuraré de todo corazón mejorarlo. ¡Lo lograré!
    - ¡Así me gusta oírte hablar, amor mío! ¡Mantén siempre en el cielo de tu alma la estrella de la esperanza!
    - ¡Claro!
    Cuando la Consuelito escuchó de labios del Saturnino que el nombre que le tocaba era el de Armonía del Vivir Pensando, sintió como un vuelco en el corazón y un sofoco en las sienes y en la garganta, y le entró tal cabreo que estuvo en un tris que no lo estrangulase como a un pollo de corral.
    - Mira, Satur, di tú que una es educada y de buenos principios, pero esto que me dices, ¡te lo juro!, es como para cagarse en tu madre. ¿Tú te imaginas: Armonía del Vivir Pensando Tronchón Cerollera?
    - No, mujer, no te excites: Armonía del Vivir Pensando Tronchón de Cabezón.
    - ¡Aún así!
    Las relaciones se rompieron, claro es, y la Consuelito acabó matrimoniando con un sargento de oficinas militares al que hasta le gustaba el nombre.
    La Consuelito y su sargento, que enseguida ascendió a brigada y después a oficial de la escala de reserva, tuvieron siete nenes, todos muy monos, tres nenes y cuatro nenas de nombres cristianos y corrientes y molientes -- el Eduardín, el Pepito, la Consuelín, la Piedita, la Conchita, el Paquito, y la Merceditas- y aquí paz y después gloria.
    Las actividades del ciudadano Iscariote Reclús fueron prolijas, como atrás quedó dicho, y sobre ellas y por lo menudo hemos de volver ahora, para mejor lección de todos y enumerándolas por conductas, que es más fácil e instructivo. He aquí los extremos a que le condujo su raro comportamiento.

 

 

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